Pesquera RYMAR: Una dupla insuperable

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Sebastián Rubio y William Mauad

Desde el 2013, es una de las seis empresas a nivel nacional que procesa y comercializa camarones y langostinos, crustáceos que son exportados en un ochenta por ciento a Estados Unidos, Europa y Canadá. Llegar a esta posición y en un rubro tan complejo, no ha sido fácil para los socios y amigos, Sebastián Rubio y William Mauad, sin embargo, y tal como ellos afirman, el fructífero crecimiento de RYMAR, se debe a la constancia y tesón de ambos. Una dupla invencible que durante veinte años, ha remado en la misma dirección y que avanza con nuevos y atractivos proyectos.

 Verónica Ramos B. / Fotografía Francisco Díaz U.

Sebastián Rubio (44) y William Mauad (41) estudiaron en el colegio Inglés Católico de La Serena. Eran de distintas generaciones pero, con el tiempo, se reencontraron en la Universidad Católica del Norte, pues ambos optaron por la carrera de Ingeniería Comercial. Paralelo a sus estudios, Sebastián comenzó a trabajar en una pequeña procesadora donde elaboraban platos preparados a base de mariscos y pescados. Tiempo después, Sebastián y William se hacen cargo del negocio, pero con una nueva línea de trabajo.

“En ese tiempo, la procesadora abarcaba ciento cincuenta metros cuadrados y estaba ubicada en el mismo lugar donde está nuestra planta, en el Barrio Industrial. Arrendamos el galpón por seis meses, compramos camarones y ostiones y partimos con tres operarias. En agosto de 1999, dimos inicio a la empresa. A las cuatro de la mañana me trasladaba al puerto de Coquimbo a buscar los productos y Sebastián se iba a la planta. Mandábamos cajas a Iquique, los domingos viajábamos a Santiago para entregar los pedidos y, además, teníamos que ir a clases, porque estábamos terminando la carrera”, recuerda William, mientras su socio y amigo, Sebastián, entre risas, lo interrumpe: “llegábamos a clases súper hediondos y nos pedían que nos sentáramos atrás; la verdad es que nosotros nos habíamos acostumbrado al olor de los mariscos, pero los compañeros no”.

Todo lo que ganaban lo invertían y así fueron ampliando el negocio con otros productos del mar y con una mayor infraestructura. Vendían bolsas de un kilo a diferentes distribuidoras, especialmente de Santiago, y más tarde, se enfocaron en industrializar la planta y los procesos. “En el 2008, a pedido de terceros, comenzamos a procesar langostinos y ellos, a su vez, los exportaban. Dos años después, apoyamos a un grupo de pescadores artesanales que tenían un problema con los permisos de arrastre. Finalmente, les dieron los permisos y nosotros se los arrendamos. Construimos un barco, al que llamamos “Chafic”, y empezamos a trabajar como pescadores. Obtuvimos cuotas de langostinos, comenzamos a procesarlos y los vendíamos en el sur. En el 2013, compramos dos barcos más, pero uno de ellos, que era para la pesca de albacora, se hundió cerca de la isla San Félix. Se cortaron unos pernos, entró el agua y, finalmente, un temporal terminó por destruirlo”, relata William.

Debió ser una inversión importante, ¿cómo se reponen a esta pérdida?
W: Perdimos cerca de medio millón de dólares y con eso se nos terminó la pesca de la albacora. En el 2013 salió la nueva ley de pesca y como teníamos la cuota artesanal e industrial quedamos dentro del sistema y eso nos ha permitido, hasta hoy, ser una de las seis empresas en Chile que vende langostinos y camarones. Ese mismo año, dejamos de vender en el sur y comenzamos a exportar. Desde entonces, nuestro producto estrella es el langostino, el que se extrae entre las regiones de Atacama y Biobío.

S: Además, en el 2013, obtuvimos la certificación internacional MSC (Marine Stewardship Council) que acredita la sostenibilidad de nuestros productos y el cumplimiento de los distintos estándares de la pesca.

CRUSTÁCEOS DE EXPORTACIÓN

De ciento cincuenta metros cuadrados, la planta de RYMAR creció a mil doscientos metros cuadrados y, además, cuenta con un frigorífico, ubicado en La Cantera, donde se almacenan los productos terminados. De tres operarias pasaron a tener una dotación laboral de ciento cincuenta trabajadores en total. “Formamos un buen equipo y, para nosotros, los trabajadores son lo más importante. El ochenta por ciento son mujeres y hemos incorporado también a inmigrantes y a personas en situación de discapacidad. Estamos conscientes de que este es un trabajo duro, de manera que valoramos el esfuerzo y la dedicación de cada uno en esta empresa”, destaca William.

¿Cuáles son los pasos del proceso hasta llegar al producto final?
S: Los recursos llegan al puerto, los trasladamos en camión hasta nuestra planta, los almacenamos crudos y con la cáscara, en una cámara de mantención y, temprano en la mañana, los operarios los cuecen, luego los pelan y se congelan a menos diez grados para que no proliferen los microorganismos. Todo el proceso es en línea y continuo, por la tarde ya está todo envasado.

¿Y cuáles son los destinos de exportación?

W: Los langostinos se van a Estados Unidos y los camarones a Europa, Canadá y Estados Unidos.
S: Actualmente, el ochenta por ciento de nuestros productos son de exportación y el veinte por ciento queda en el mercado nacional.

¿Qué cifras manejan en cuanto a producción anual?

S: En el 2018, sacamos veinte contenedores, cada uno de veinte toneladas. Mandamos tres contenedores a Canadá, cinco a Europa y doce a Estados Unidos.

W: Son cerca de cuatrocientas toneladas las que vendemos al año.

Me imagino que para abrir nuevos mercados, deben viajar bastante

S: Sí, llevamos ocho años saliendo al extranjero. Participamos mucho en ferias y en distintos Sea Food del mundo. Hemos ido a China, a Europa y a Estados Unidos. A modo de ejemplo, hace seis años le mandamos muestras a un empresario canadiense, el año pasado nos reunimos en una feria y recién ahí le vendimos tres contenedores ¡Así funciona el negocio!

Este no es un rubro fácil, ¿cuáles son las principales fortalezas de RYMAR?

W: ¡Los socios! (risas). Llevamos veinte años juntos, más tiempo que el que tenemos con nuestras señoras. Ambos partimos de cero, somos súper respetuosos entre nosotros y muy responsables con nuestros trabajadores…

S: Es cierto. Nunca nos hemos quedado quietos, partimos muy jóvenes en esto y hemos pasado muchas cosas juntos y no solo en la empresa. Nuestras esposas son muy amigas, nuestros hijos son compañeros de curso e incluso, como familias, nos hemos ido juntos de vacaciones.

 QUITOSANO

 ¿Cuentan actualmente con algún punto de venta en La Serena o Coquimbo?

S: En el 2013, instalamos un local en Gabriel González Videla en La Serena, pero hace tres años se lo vendimos a Cristián, un hermano de William, porque nos dimos cuenta de que la estructura de nuestra empresa no nos permitía abarcar este tipo de negocio.

W: Con Rymar Gourmet, que es el nombre del negocio, tenemos un convenio, es decir,  somos los proveedores de camarones y langostinos. El resto de los mariscos proviene de otros proveedores con los que trabajábamos antiguamente.

¿Está en proyecto incorporar a RYMAR otra línea de negocio?

S: El año pasado, tomamos el control de una planta en La Cantera y mandamos a China veinte contenedores con jibia, en dos meses. Como la jibia tiene su temporada, estamos esperando que bajen las temperaturas y estas aparezcan para extraer la cuota que tenemos asignada. Con el otro barco, llamado “Amancay”, pescamos la jibia. Por otra parte, vamos a iniciar la producción de quitosano, un ingrediente activo, ciento por ciento natural, que fortalece las plantas y que es elaborado con la cáscara de los camarones.

W: Gastamos cinco millones de pesos en flete para botar la cáscara de camarones, entonces empezamos a investigar qué uso podíamos darle y como este residuo tiene muchas propiedades, entre ellas, proteínas, astaxantina y quitosano, decidimos postular a un proyecto de CORFO para procesar la cáscara de camarones y financiar la infraestructura de una planta.

¿Y su uso es netamente agrícola?

S: El quitosano lo que hace es activar la tierra y las raíces de las plantas, pero estamos estudiando, también, elaborar un producto que se pueda aplicar directamente a la fruta, ciento por ciento biodegradable y con cero residuo.

W: Como empresarios nos hemos dedicado a tirar un poco el carro para hacer de un desecho un producto con valor agregado. Tenemos pensado también, elaborar una línea de productos gourmet. Nos asociamos con una persona que elabora salsas, aderezos y paté a base de cáscaras de camarones. Él se ganó un proyecto de CORFO, de manera que trabajaremos juntos en esto.

Sin duda, será un 2019 intenso para ustedes

S: ¡Absolutamente! Estamos muy motivados con estos proyectos de desarrollo biotecnológico y es que, además, hoy nos sentimos más fortalecidos, tenemos un gran capital humano y contamos con un importante desarrollo en ventas. Nuestro langostino está muy bien posicionado en el mercado y el desafío es llevar el camarón a un precio justo, porque muchas veces lo castigan. Ahora, todo este esfuerzo, el compromiso y el resultado de los nuevos proyectos ha sido gracias al gran apoyo de nuestras familias.

W: Es muy gratificante pensar en cómo partimos y en qué estamos hoy, porque no solo nuestras familias viven de esto. Tenemos una tremenda responsabilidad, no somos jefes intocables o ausentes, por el contrario, siempre tratamos de estar y de ayudar en la medida de lo posible. El que podamos dar continuidad a esta empresa, ya es todo un éxito. 

“En el 2013 obtuvimos la certificación internacional MSC (Marine Stewardship Council) que acredita la sostenibilidad de nuestros productos y el cumplimiento de los distintos estándares de la pesca”, Sebastián Rubio.

“Los langostinos se van a Estados Unidos y los camarones a Europa, Canadá y Estados Unidos”, William Mauad.

“… vamos a iniciar la producción de quitosano, un ingrediente activo, ciento por ciento natural que fortalece las plantas y que es elaborado con la cáscara de los camarones”, Sebastián Rubio.

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